El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—«Amo», sí —replicó Moliere sonriéndose de manera suave y triste—. «Amo», pero esto no quiere decir que «me amen».

—Pues yo estoy seguro de que me aman en Chateau-Thierry —dijo La Fontaine.

En esto volvió a entrar Aramis, y preguntó:

—¿Quién se viene conmigo? Voy a decir dos palabras al señor Fouquet, y dentro de un cuarto de hora salgo para París. Ofrezco mi carroza.

—Como tengo prisa, acepto —dijo Moliere.

—Yo como aquí —repuso Lores—. Gourville me ha ofrecido langostines… ¿Habéis oído? ¡Langostines!… Vaya, La Fontaine, busca una consonante.

Aramis salió en compañía de Moliere como él sabía hacerlo, y al llegar al pie de la escalera oyó que La Fontaine entreabría la puerta y decía a voces:

—¿Te ha ofrecido langostines?

—Él se sabrá con qué fines.

Las carcajadas de los epicúreos redoblaron y llegaron hasta los oídos de Fouquet, en el instante en que Aramis abría la puerta de su gabinete.

Moliere, se había encargado de ordenar que engancharan, mientras Herblay iba a ver al superintendente para ponerse de acuerdo con él.

—¡Cómo ríen arriba! —dijo Fouquet exhalando un suspiro.

—¿Y vos no os reís, monseñor?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker