El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ya se acabó para mí el reír, señor de Herblay.

—La fiesta se acerca.

—Y el dinero se aleja.

—¿No os he dicho y repetido que eso corría de mi cuenta?

—Me habéis ofrecido millones.

—Estarán en vuestro poder al día siguiente de la entrada del rey en Vaux.

Fouquet dirigió una escrutadora mirada a Aramis, y se pasó una helada mano por su humedecida frente. Aramis comprendió que el superintendente dudaba de él, o conocía la imposibilidad en que se hallaba de hacerse con dinero; porque, ¿cómo podía Fouquet suponer que un pobre obispo, antiguo cura, antiguo mosquetero, lo hallase?

—¿Por qué dudáis? —preguntó Aramis. Y al ver que el superintendente se limitaba a sonreírse y a mover la cabeza, añadió—: ¡Hombre de poca fe!

—Mi querido señor de Herblay —repuso Fouquet—. Si caigo…

—¿Qué?

—A lo menos caeré de tan inmensa altura, que en mi caída me desmenuzaré. —Y moviendo la cabeza como para sustraerse a sí mismo, preguntó—: ¿De dónde venís, mi buen amigo?

—De París.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker