El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¿Y en qué fundáis esta ventura?
-Decid este temor, señor Cornelius.
-Gracias, Rosa, porque tenéis razón; este temor…
-Lo fundo en…
-Escucho, decid -apremió Cornelius.
-Este hombre había venido ya varias veces a la Buytenhoff, en La Haya; mirad, justo en el momento en que vos fuisteis encerrado allí. Salida yo, salió él a su vez; venida yo aquí, él viene. En La Haya tomaba como pretexto que quería veros.
-¿Verme, a mí?
-¡Oh! Un pretexto, seguramente, porque hoy que todavía podía hacer valer la misma razón, ya que vos os habéis convertido en el prisionero de mi padre, o más bien, mi padre se ha convertido en vuestro carcelero, no se acuerda ya de vos, sino al contrario. Le oí decir ayer a mi padre que no os conocía.
-Continuad, Rosa, os lo ruego, que intento adivinar quién es ese hombre y qué quiere.
-¿Estáis seguro, señor Cornelius, que ninguno de vuestros amigos puede interesarse por vos?