El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Está en una buena vasija de mayólica, justo del ancho del recipiente donde habÃais enterrado el vuestro. Está en un terreno compuesto de tres cuartas partes de tierra ordinaria cogida del mejor lugar del jardÃn, y de un cuarto de tierra de la calle. ¡Oh! ¡He oÃdo decir tan a menudo a vos y a ese infame de Jacob, como vos le llamáis, en qué tierra debe crecer el tulipán, que ya lo sé como el primer jardinero de Haarlem!
-¡Ah! Ahora queda la exposición. ¿Qué exposición tiene, Rosa?
-Está al sol toda la jornada, los dÃas en que luce. Pero cuando haya salido de la tierra, cuando el sol sea más caliente, haré como vos hacÃais aquÃ, querido señor Cornelius. Lo expondré en mi ventana al levante desde las ocho de la mañana a las once, y en mi ventana al ponente, desde las tres de la tarde hasta las cinco.
-¡Ah! ¡Eso es, eso es! -exclamó Cornelius-. Sois una jardinera perfecta, mi bella Rosa. Pero pienso que el cultivo de mi tulipán va a tomaros todo vuestro tiempo.
-SÃ, es verdad -concedió Rosa-, pero no importa; vuestro tulipán es mi hijo. Le dedico el tiempo que dedicarÃa a mi niño, si fuera madre. Solamente convirtiéndome en su madre -añadió Rosa sonriendo- puedo dejar de considerarme su rival. ¿No os parece?