El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Pero, aunque no me separe de ella, me separaré de vos, Cornelius -dijo Rosa entristecida.
-¡Ah! Es verdad, mi dulce, mi querida Rosa. ¡Dios mÃo! ¡Qué malvados son los hombres! ¿Qué les he hecho yo y por qué me han privado de la libertad? Tenéis razón, Rosa, yo no podrÃa vivir sin vos. ¡Pues bien! Enviad alguien a Haarlem, eso es. ¡Por mi fe! El milagro es lo bastante grande como para que el presidente se moleste; él mismo vendrá a Loevestein a buscar el tulipán.
Luego, deteniéndose de repente, fue con voz temblorosa que murmuró:
-¡Rosa! ¡Rosa! Si no fuese negro…
-¡Vaya! Eso lo sabréis mañana o pasado mañana por la noche.
-¡Esperar hasta la noche para saberlo, Rosa! Moriré de impaciencia. ¿No podrÃamos convenir una señal?
-Lo haré mejor.
-¿Qué haréis?
-Si es por la noche cuando se abra, vendré para decÃroslo yo misma. Si es por el dÃa, pasaré por delante de la celda y os deslizaré una nota, bien por debajo de la puerta, bien por el postigo, entre la primera y la segunda inspección de mi padre.
-¡Oh, Rosa! ¡Eso es! Una palabra vuestra anunciándome esta noticia, será una doble felicidad.