El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Son ya las diez -dijo Rosa-, es preciso que os abandone.
-¡SÃ! ¡SÃ! -exclamó Cornelius-. ¡SÃ! ¡Marchaos, Rosa, marchaos!
Rosa se retiró cabizbaja.
Cornelius casi la habÃa despedido.
Cierto que era para vigilar el tulipán negro.