El Tulipan Negro

El Tulipan Negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y el oficial hizo un nuevo movimiento para ordenar al soldado que reemprendiera el camino.

Cornelius le detuvo una vez más.

-¡Oh! Sed paciente, sed generoso, toda mi vida descansa en un gesto de vuestra piedad. ¡Ay! Mi vida, señor, no será probablemente muy larga ahora. ¡Ah! Vos no sabéis lo que yo sufro; vos no sabéis todo lo que combate en mi cabeza y en mi corazón; porque en fin -continuó Cornelius con desesperación-, si fuera mi tulipán, si fuera el que le han robado a Rosa, ¡oh, señor! Comprendéis bien lo que es haber hallado el tulipán negro, haberlo visto un instante, haber reconocido que era perfecto, que era a la vez una obra maestra del arte y de la Naturaleza y perderla, perderla para siempre. ¡Oh! Es preciso que vaya a verlo. Me mataréis después si queréis, pero lo veré, lo veré.

-Callad, desdichado, y no os asoméis, porque aquí esta ya la escolta de Su Alteza el estatúder que cruza la vuestra, y si el príncipe observa un escándalo, oye un ruido, ése sería vuestro fin y el mío.

Van Baerle, todavía más asustado por su compañero que por sí mismo, volvió a echarse en el asiento, pero no pudo mantenerse allí ni medio minuto, y apenas acababan de pasar los veinte primeros jinetes cuando se asomó de nuevo a la portezuela, gesticulando y suplicando al estatúder, precisamente en el momento en que éste pasaba por su lado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker