La Dama de las Camelias

La Dama de las Camelias

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Pero, bueno! ¿Qué diablos están haciendo aquí? —gritó Prudence, a quien no habíamos oído llegar y que apareció en umbral de la habitación medio despeinada y con el vestid desabrochado. En aquel desorden reconocí la mano de Gaston.

—Estamos hablando de cosas serias —dijo Marguerite Déjenos un momento, que vamos enseguida a reunirnos con ustedes.

—Bueno, bueno, sigan charlando, hijos míos —dijo Prudence al retirarse, cerrando la puerta como para reforzar el tono en que había pronunciado las últimas palabras.

—Así pues —prosiguió Marguerite, cuando nos quedamos solos—, estamos de acuerdo en que dejará de quererme.

—Me marcharé.

—¿Pero tan fuerte le ha dado?

Había ido demasiado lejos para dar marcha atrás, y por otra parte aquella chica me trastornaba. Aquella mezcla de alegría, tristeza, candor, prostitución, incluso aquella enfermedad, que en su caso desarrollaba la sensibilidad ante las impresiones como la irritabilidad de los nervios, todo ello me indicaba que, si desde el principio no adquiría dominio sobre aquella naturaleza ligera y olvidadiza, la perdería.

—¡Vamos, entonces lo dice en serio!

—Muy en serio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker