La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —No, lo único que hace falta es que me quieras como yo te quiero, y todo saldrá bien.
—¿Y ha encontrado usted sola ese proyecto?
—SÃ.
—¿Y lo llevará a cabo sola?
—Yo correré con las preocupaciones —me dijo Marguerite con una sonrisa que no olvidaré jamás—, pero los dos compartiremos los beneficios.
Al oÃr la palabra beneficios, no pude dejar de enrojecer recordaba a Manon Lescaut comiéndose con Des Grieux el dinero del señor de B…
Respondà en un tono un tanto duro al tiempo que me levantaba:
—PermÃtame, querida Marguerite, que no comparta más beneficios que los que produzcan las empresas que idee y explote yo mismo.
—¿Qué significa eso?
—Significa que tengo muchas sospechas de que el señor conde de G… esté asociado con usted en este feliz proyecto, del que no acepto las cargas ni los beneficios.
—Es usted un niño. CreÃa que me querÃa, pero me he equivocado; está bien.
Y al mismo tiempo se levantó, abrió el piano y se puso otra vez a tocar la Invitación al vals, hasta llegar al famoso pasaje en tono mayor que la hacÃa detenerse siempre.