La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —¡Vaya! ¿Y cree usted, caballero, que la misión de un hombre de honor es andar convirtiendo cortesanas? ¿Cree usted que Dios ha dado esa grotesca finalidad a la vida y que el corazón no debe tener más entusiasmo que ése? ¿Cuál será la conclusión de esta cura maravillosa, y qué pensará usted de lo que dice hoy cuando tenga cuarenta años? Se reirá de su amor, si es que aún puede reÃrse, si es que no ha dejado huellas demasiado profundas en su pasado. ¿Qué serÃa usted en este momento, si su padre hubiera tenido sus ideas y hubiera abandonado su vida a todas esas inspiraciones amorosas, en lugar de establecerla inquebrantablemente sobre un pensamiento de honor y de lealtad? Reflexione, Armand, y no diga semejantes tonterÃas. Vamos, deje a esa mujer, su padre se lo suplica.
No respondà nada.