La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —Que lleven mis maletas al hotel ParÃs —dijo a mi criado. Y al mismo tiempo pasó a su habitación, donde acabó de vestirse.
Cuando volvió a aparecer, fui a su encuentro.
—Padre —le dije—, prométame que no hará nada que pueda hacer sufrir a Marguerite.
Mi padre se detuvo, me miró con desdén y se limitó a responder:
—Creo que está usted loco.
Y dicho esto, salió cerrando violentamente la puerta detrás de él.
También yo bajé, tomé un cabriolé y salà hacia Bougival.
Marguerite me esperaba a la ventana.