La Dama de las Camelias

La Dama de las Camelias

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Nada más llegar a París corrí a casa de Prudence a rogarle que fuera a ver a Marguerite, con la esperanza de que su verborrea y si alegría la distrajeran.

Entré sin anunciarme, y encontré a Prudence en el tocador.

—¡Ah! —me dijo con aire inquieto—. ¿Ha venido Marguerite con usted?

—No.

—¿Qué tal está?

—No está bien del todo.

—¿No vendrá entonces?

—¿Es que tenía que venir?

La señora Duvernoy enrojeció y me respondió con cierto embarazo:

—Quería decir que, como ha venido usted a París, si no va a venir ella a reunirse con usted.

—No.

Miré a Prudence; bajó los ojos, y en su fisonomía creí leer el terror de ver prolongarse mi visita.

—También venía a rogarle, querida Prudence, que, si no tiene nada que hacer, vaya a ver a Marguerite esta tarde; le haría usted compañía y podría dormir allí. Hoy estaba como nunca la había visto, y temo que caiga enferma.

—Voy a cenar en la ciudad —me respondió Prudence— y no podré ver a Marguerite esta tarde; pero la veré mañana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker