La Dama de las Camelias

La Dama de las Camelias

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Manon Lescaut estaba abierto sobre la mesa. Me pareció que en ciertos lugares las páginas estaban mojadas como por lágrimas. Después de haberlo hojeado, volví a cerrar el libro, pues, a través del velo de mis dudas, sus caracteres me parecían vacíos de sentido.

La hora pasaba lentamente. El cielo estaba cubierto. Una lluvia de otoño azotaba los cristales. El lecho vacío me parecía adquirir por momentos el aspecto de una tumba. Tenía miedo.

Abrí la puerta. Escuché y no oí más que el ruido del viento entre los árboles. Por la carretera no pasaba ni un coche. La media sonó tristemente en el campanario de la iglesia.

Llegué a temer que alguien entrara. Me parecía que sólo a aquella hora y con aquel tiempo sombrío podía llegarme una desgracia.

Dieron las dos. Esperé un poco aún. Sólo el reloj de pared turbaba el silencio con su ruido monótono y cadencioso.

Al fin dejé aquella habitación, cuyos menores objetos se habían revestido de ese aspecto triste que da a cuanto lo rodea la inquieta soledad del corazón.

En la habitación contigua encontré a Nanine dormida sobre su labor. Al ruido de la puerta se despertó y me preguntó si había vuelto su señora.

—No, pero, si vuelve, dígale que no he podido soportar mi inquietud y que me he ido a París.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker