La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias 18 de febrero.
Señor Armand:
Desde el día en que Marguerite se empeñó en ir al teatro, cada vez se puso peor. Perdió la voz por completo y luego el uso de los miembros. Es imposible decir lo que sufre nuestra pobre amiga. No estoy acostumbrada a esta clase de emociones, y tengo continuos temores.
¡Cuánto me gustaría que estuviese usted a nuestro lado! Delira casi siempre, pero, delirante o lúcida, siempre pronuncia su nombre en cuanto llega a poder decir una palabra.
El médico me ha dicho que no durará mucho. Desde que se ha puesto tan mala, el viejo duque no ha vuelto.
Ha dicho al doctor que este espectáculo le dolía demasiado.
La señora Duvernoy no se porta bien. Esa mujer, que creía que iba a sacar más dinero de Marguerite, a cuyas expensas vivía casi completamente, ha adquirido compromisos que no puede mantener y, al ver que su vecina ya no le sirve de nada, ni siquiera viene a verla. Todo el mundo la abandona. El señor de G…, acosado par sus deudas, se ha vista obligado a volverse a Londres. Al marcharse nos ha enviado algún dinero; ha hecho lo que ha podido, pero han venido otra vez a embargar, y los acreedores están esperando a que se muera para realizar la subasta.