La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —Las primeras palabras que me dijo al venir al cementerio fueron: «¿Qué podría hacer para volver a verla?». Eso no puede hacerse más que cambiándola de tumba, y ya le informé de todos los requisitos que cumplir para obtener el cambio, pues ya sabe usted que para trasladar un muerto de una tumba a otra es preciso identificarlo, y sólo la familia puede autorizar esa operación, que debe realizarse en presencia de un comisario de policía. Precisamente para conseguir esa autorización ha ido el señor Duval a ver a la hermana de la señorita Gautier, y su primera visita será evidentemente para nosotros.
Habíamos llegado a la puerta del cementerio; di las gracias una vez más al jardinero poniéndole unas monedas en la mano, y me dirigí a la dirección que me había dado.
Armand no había vuelto.
Dejé una nota en su casa, rogándole que viniera a verme en cuanto llegara, o que me dijera dónde podría encontrarlo.
Al día siguiente por la mañana recibí una carta de Duval, en la que me comunicaba su regreso y me rogaba que pasara por su casa, añadiendo que estaba agotado de cansancio y le era imposible salir.