La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias Volvimos a oÃr la voz de Marguerite, que seguÃa llamando a Prudence. Ésta corrió a su cuarto de asco. La seguà hasta allà con Gaston. Abrió la ventana.
Nos escondimos de forma que no se nos viera desde fuera.
—Llevo llamándola diez minutos —dijo Marguerite desde su ventana y con un tono casi imperioso.
—¿Qué quiere?
—Quiero que venga enseguida.
—¿Por qué?
—Porque el conde de N… está aquà todavÃa y me está aburriendo mortalmente.
—No puedo ir ahora.
—¿Quién se lo impide?
—Tengo en casa a dos jóvenes que no quieren irse.
—DÃgales que tiene usted que salir.
—Ya se lo he dicho.
—Bueno, pues déjelos ahÃ; cuando la vean salir, se irán.
—¡Después de ponerlo todo patas arriba!
—¿Pero qué quieren?
—Quieren verla.
—¿Cómo se llaman?
—Al uno lo conoce usted, Gaston R…
—¡Ah, sÃ! Ya sé quién es. ¿Y el otro?
—Armand Duval. ¿No lo conoce?