Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Cómo es posible —objetó— que una señora como usted pueda haber conocido a una humilde muchacha hija del sargento de marina Juan Campbell?
—La he conocido —repet×, y se llamaba Fanny.
Se estremeció.
—Es verdad —dijo—. Puesto que usted ha conocido a mi hermana —añadió al cabo de un rato—, y que su visita prueba que le merece algún interés un pobre condenado, le dirigiré una súplica.
—Hágala usted, amigo mÃo.
—Mi hermana se ha casado con el pastor protestante de una pequeña comarca situada entre Hawarden y Northop.
—¿You-Law, quizás?
—Justamente —exclamó Tomás—. ¿Cómo puede usted saberlo?
—No le importe; ya ve usted que lo sé.
—Pues bien, señora, no me olvide usted; y cuando yo haya dejado de existir, escriba a mi hermana (yo no sé escribir) que he muerto, pero sin decirle de qué muerte; dÃgale usted que ruegue por mÃ, y, como es una joven muy piadosa, no dejará de hacerlo.
—¿Eso es todo lo que usted desea, amigo mÃo? —pregunté.