Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Oh, Dios mÃo, sÃ, señora! He sido condenado con justicia; he faltado a un superior… Este endiablado vino del Vesubio es el culpable; lo he bebido como si fuese cerveza y sin sospechar que quemaba como el fuego. La cabeza se me fue, y he cometido el crimen. Pero espero que Dios misericordioso tendrá en cuenta que en los diez años que sirvo a Su Majestad Británica no he sido castigado más que tres veces. Es cierto que la tercera valdrá por todas.
—Mi querido Hardy, sé todo lo que querÃa saber —dije—. Dejemos a este pobre muchacho con sus remordimientos.
Y añadà en voz baja:
—Que espero serán todo su castigo.
Hardy me miró y movió la cabeza.
Subà y fui a encontrar a Nelson.