Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Tiene ahora treinta y cuatro años, está casada y es feliz.
—¡Ah! tanto mejor.
—Pero tiene un hermano que se encuentra en una difÃcil situación. ¿Debo yo abandonar a ese hermano, o por gratitud a la hermana, intentar sacarle de la posición apurada en que se halla?
—Mi querida Emma —dijo Nelson—, abandonar a ese hombre después de la acción de su hermana, serÃa una ingratitud, y no creo que sea posible en usted tan bajo defecto.
—¿SecundarÃa usted mis deseos de desquitarme con Fanny?
—SÃ, en el supuesto de que esté en mis atribuciones.
—¿Me da usted su palabra?
—A fe de Nelson.
—Pues bien, mi querido Horacio —le dije rodeándole el cuello con mi brazo y apoyando los labios en la cicatriz de su frente—, esa buena joven se llama Fanny Campbell, y su hermano Tomás Campbell ha sido hoy condenado a muerte por el Consejo de guerra.
—¡Ah! —repuso Nelson frunciendo el ceño—, eso es más grave de lo que yo creÃa, mi querida Emma.
—¿Se niega usted?
—No digo tanto; busco un medio de conciliarlo todo.