Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Eso determinó a la Reina a tomar una grande resolución.
Viendo que el emperador Francisco no había hecho ningún pacto que tuviese relación con ella, viendo que los ingleses defendían la Sicilia, cuyos puertos podían utilizar, pero abandonaban a Nápoles, que de nada podía servirles, resolvió partir para San Petersburgo y pedir un apoyo al Emperador Pablo.
Esta tentativa obtuvo el éxito que la Reina esperaba. Pablo I estaba a la sazón en muy buenas relaciones con Bonaparte, y era evidente que este, deseoso de conservar una amistad tan poderosa, haría todo lo que el Emperador le pidiese.
Pablo I escribió al primer cónsul una carta muy fogosa, pero exigió de Carolina, en el caso de lograr que se firmase un tratado de paz entre Francia y Nápoles, el juramento de que ese tratado sería rigurosamente observado.
El general Lavachef, montero mayor de Pablo, fue enviado al primer cónsul, portador de la carta del czar y fiador de la promesa de la Reina; de suerte que el 6 de abril de 1801 se concertó un armisticio en Foligno entre el caballero Micheroux y el general Murat. A ese armisticio siguió muy pronto un tratado definitivo.