Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En la capilla de palacio nos dieron un gran concierto bajo la dirección del Venerable Haydn, que entonces tenÃa sesenta y nueve años. Su famoso oratorio de la Creación fue ejecutado en nuestro honor.
A su regreso de San Petersburgo, la reina de Nápoles me rogó con mucha insistencia, y como se ruega a una amiga cuya presencia es indispensable, volviese con ella a Italia. Todo estaba tranquilo, el Rey habÃa hecho su entrada en Nápoles, la paz se habÃa celebrado; Carolina me prometÃa la vuelta de los hermosos dÃas que habÃan seguido a mi llegada y a la aurora encantadora de nuestra amistad.
Pero me hubiese sido preciso dejar a Nelson, lo cual habrÃa sido una profunda ingratitud, dado que él me lo habÃa sacrificado todo en aras de su amor.
Me mostré inflexible.
Viendo la Reina que yo estaba decidida a partir, me suplicó que aceptase, como recuerdo de su real aprecio, una renta o pensión vitalicia de mil libras esterlinas anuales.
Pero, apenas lo insinué a sir Guillermo:
—Somos bastante ricos —me respondió—; y, por otra parte, semejante liberalidad provocarÃa las sospechas del gobierno inglés.