Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Estoy muy delicado de la vista; el médico de la escuadra me ha prohibido terminantemente escribir, pero tengo necesidad de hacerlo, pues he de comunicarme con lord Spencer, con Saint-Vincent y Davison. Pero esté usted tranquila: es usted la única mujer a quien escribo. El doctor me prohÃbe también comer manjares fuertes; tampoco puedo beber cerveza ni vino. En fin, he de permanecer en una pieza oscura y resguardar mi vista por medio de una pantalla. ¿Quiere usted, amiga mÃa, hacerme una o dos? No las quiero de nadie más que de usted. La ocupación de escribir ha sido sin duda la causa de esta dolencia.
Noto que hablo demasiado de mis sufrimientos; pero, viviendo lejos de usted, no se me ocurre hablar de otra cosa.
Créame su siempre fiel
H. NELSON.
Tres semanas después recibà esta otra carta: