Historia de una cortesana
Historia de una cortesana No temas de ninguna mujer del mundo, querida Emma, porque, fuera de ti, todas las mujeres me son indiferentes. Una sola conozco que pueda parecerse a ti algún dÃa. Estoy cierto de que jamás harás nada que pueda enfriar el amor que me inspira, y, en cuanto a mÃ, antes de causarle el menor pesar, quisiera morir en el tormento. Da muchos miles de besos a mi querida Horacia. La conversación recayó ayer en la vacuna. Un gentilhombre afirmaba que su hijo, que estaba vacunado, habÃa sido puesto en contacto con otro niño atacado de viruelas, ¡sin haberse contagiado esa enfermedad! Si eso es verdad, supone el triunfo de la vacuna. El niño vacunado tuvo un poco de fiebre durante dos dÃas y una ligera inflamación en el brazo, y en cambio, el otro estaba cubierto de pústulas.
Por lo demás, haz como mejor te parezca.
Hablé de esta carta al doctor Rowlay, como asimismo del milagro que su contenido proclamaba; pero, por desgracia, di con un encarnizado adversario de Jenner. Se opuso resueltamente a que Horacia fuese vacunada; sin embargo, prevaleció mi opinión, y la vacunó. La operación resultó a maravilla, y tres semanas después, Horacia estaba completamente curada. En aquella ocasión alquilé para la señora Thomson una casa amueblada en Stone street, y todo continuó satisfactoriamente.