Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Dónde está usted, Arabela?
—AquÃ, monseñor —respondió esta.
—¿Qué está usted haciendo ahÃ, en esa ventana, reina mÃa?
—Me abrasaba, y procuro extinguir el fuego.
Un bello joven, casi un niño, un adolescente apenas, apareció detrás de miss Arabela, y, colocándose a su lado, acercáronse sus cabezas tan estrechamente, que los flotantes cabellos de ella ocultaban a medias el rostro del mancebo, y se mezclaban con los de este.
Aquel joven era nada menos que el prÃncipe de Gales, más tarde Jorge IV.
Cogió con ambas manos los cabellos de miss Arabela y los besó apasionadamente.
Traté de oÃr lo que decÃan; pero hablaban tan bajo, que sus palabras no alcanzaban hasta mÃ. Oà el susurro de uno o dos besos; después, el joven rodeó con el brazo la cintura de miss Arabela y la empujó hacia el interior de la habitación. Cerrose la ventana tras de ellos; cayeron las tupidas cortinas y la luz quedó interceptada. La amartelada y poética visión se habÃa desvanecido, dejándome presa de una languidez completamente desconocida.
El ruiseñor continuaba trinando; pero los sonidos del harpa se habÃan extinguido.