Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Un hombre, sin duda alguna, un hombre joven, a juzgar por el timbre y frescura de su voz. En cuanto a los aplausos, continuaban aún después de haber cerrado la ventana de mi cuarto. Parecía que, al igual que en el teatro, se reproducían para obligar a salir en el escenario a la artista que acababa de estrenarse en tan peregrinas condiciones.
Pero, aunque me sentía muy confusa, mi turbación participaba de un indecible placer.
Este cúmulo de detalles, acaso parezcan triviales. Empero, ¿cómo lograr el perdón de mi caída, si no muestro lo rápido de la pendiente por la que me deslizaba?