Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Pequeña mÃa —me dijo con entonación de reina—, me ausento de Londres por algunos dÃas. Quisiera que usted me acompañase, pero no es posible. Asà que, en mi ausencia quedará usted aquÃ. Sé que gusta usted del teatro; mi palco está a su disposición; puede usted ir sola, si asà lo prefiere, pero es usted demasiado joven y bonita para hacer escapatorias semejantes. SerÃa preferible, por consiguiente, que fuese con mistress Northon, que la acompañará de buena gana. Lo único que le suplico, es que no reciba a nadie. A mi regreso, si conserva usted aún su pasión por el teatro, procuraré que hablen a Sheridan, para que pueda usted realizar su sueño de ser actriz. Si por casualidad encuentra a Rowmney, procure que no la vea; si la ve, evite su conversación, pero si no puede usted evitarla, no le diga que vive usted en esta casa. Nos detestamos cordialmente.
Hice promesa a miss Arabela de observar sus instrucciones.
—Y ahora —me dijo—, ¿quiere usted ayudarme a cambiar de vestido?
—Tengo una verdadera satisfacción en hacer todo lo que usted me ordene. ¿Por ventura no estoy en su casa para obedecerle?