Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Está pronto mi traje? —preguntó—. El sastre se comprometió a tenerlo confeccionado a las tres de la tarde.
—Hace media hora que lo han traÃdo, señora.
—Veámoslo.
La camarera salió, y poco después volvió a entrar con un traje completo, muy elegante y muy fino.
—¡Cómo! —exclamé—. ¿Piensa usted vestirse de hombre?
—SÃ; es un capricho del prÃncipe. Vamos a pasar ocho dÃas al campo, con algunos amigos suyos; a cazar, a llevar vida señorial, ¡qué sé yo a lo que vamos! Ayer me dijo: «¿Sabe usted, Arabela, lo que deberÃa hacer? Pues vestir ropa de hombre». Llamé a mi sastre, y le encargué un traje para hoy, a las tres. Me aseguró que serÃa complacida, y, según puedes ver, ha cumplido su palabra. ¿Y qué? —añadió, dirigiéndose a la camarera—, ¿qué hace usted, aquÃ?
—Espero las órdenes de la señora para vestirla.
—No; Emma me ayudará. ¿No me prestarás este servicio, mi querida pequeñuela?
—Desde luego.
—AsÃ, pues, déjenos usted, y disponga que preparen los caballos, a fin de poder salir de aquà a media hora.
La camarera salió.