Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Como los sollozos le ahogaban la voz, me cogió la mano, haciéndome signo de que hablase por ella.
Solo entonces pareció fijarse en mí el almirante. Mirome, asombrado, al parecer de mi belleza, y me hizo sentar a su lado.
Amanda continuó en pie, con la cara oculta tras el pañuelo y diciéndome con entrecortado acento:
—Habla, habla, Su Señoría te escuchará con más agrado que a mí.