Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Habríase dicho, en verdad, que era una cena preparada por mano de hadas destinada al rey Oberon o a la reina Titania. La atmósfera estaba suave e impregnada de delicados perfumes, que parecían penetrar por todos los poros.
Observando sir Juan lo que por mi interior pasaba, me dijo:
—Pertenece usted al género de las sensitivas: mujer y flor, a la vez. ¡Feliz el mortal que logre aspirar el aroma de la flor y recoja la palabra de amor en los labios de la mujer!
Lancé un suspiro. Él me acompañó a mi silla, sentándose a mi lado.
La fascinación de la riqueza corre parejas, en mí, con el horror que profeso a la miseria. ¿Circula realmente por mis venas sangre nobiliaria, o es que todos mis afanes tienden a recobrar el nivel malogrado por un nacimiento ilegítimo?
A los postres, vino un criado y entregó a sir Juan un despacho lacrado.
El almirante lo leyó detenidamente, y luego que se hubo asegurado de que era la licencia de Ricardo, lo puso en manos de Amanda.
Esta se levantó, y, pretextando que quería llevar sin pérdida de tiempo a su hermano tan grata noticia, pidió permiso para retirarse.