Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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—Pero, según referencias, entiendo que debe usted de tener necesidad de comer alguna cosa. Póngase usted a la mesa y coma; me sentaré cerca de usted para hacerle compañía y, muy singularmente, por tener el honor de servirla.

No había medio de rehusar, máxime cuando me estaba muriendo de hambre, una invitación hecha en tales términos.

Acerqué mi sillón a la mesa; el desconocido, que aún no se había sentado, acercó una silla y se situó frente a mí, poniendo entre los dos todo el ancho del velador

—Señorita —díjome, ensartando un pollo en fiambre con la punta de su tenedor y empezando a trincharlo con admirable destreza—, un poeta latino, llamado Horacio, dijo: «Los asuntos que más fácilmente llegan a feliz término, son aquellos que se han tratado en la mesa; porque el vino es al pensamiento lo que el agua a las plantas: las hace germinar y florecer». Así que, coma usted y, sobre todo, beba, a fin de establecer un justo equilibrio en su mentalidad. Después, hablaremos del negocio que aquí me trae, y que puede ser una mina de oro para usted y para mí.

Y simultáneamente, ponía en mi plato un ala de pollo, y llenaba hasta la mitad mi vaso de un excelente Burdeos.


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