Historia de una cortesana
Historia de una cortesana ¿De dónde podÃan venir esas visiones de cosas que me eran desconocidas? Acaso mis primeras miradas habÃan centelleado en un ambiente de esplendores fugaces, pero que, al desvanecerse, dejarÃan en mi tierna memoria reflejos de un mundo anterior. Cuando hablaba de esos vacilantes recuerdos a mi madre, limitábase esta a decirme que tal vez habÃa yo tenido por madrina alguna hada que me hubiese conducido de noche a través de alcázares dorados.
Una vez más cogiome de la mano mi madrina, y, abriendo los ojos que acababan de reverberar todos los colores del arco iris:
—Adiós, Ricardo —exclamé, dirigiéndome al pastorcillo—. Mañana me voy al colegio de la señora Colmann; pero los jueves y domingos vendré a la granja, y de vez en cuando subiré hasta aquà para verte.
Y me alejé sin acordarme de Blak.
El pobre animal me siguió un corto trecho, y se sentó para verme bajar de la colina.