Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Me fui, pues, a mi gabinete con la entereza que comunican las resoluciones desesperadas; me vestà las prendas más modestas de mi ajuar; me até los cabellos (que nunca llevaba empolvados) con una simple cinta; me toqué con un amplio sombrero de paja; echeme sobre los hombros una pequeña manteleta, y volvà a reunirme con sir Carlos.
Al ruido que hice entrando en el cuarto donde estaba, levantó la cabeza y lanzó un grito.
—¡Oh! —me dijo—, nunca has estado tan hermosa, querida Emma. ¡Estamos salvados!