Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Bajé la escalera, volando, que no corriendo, y tomando el primer coche de alquiler que pasaba, grité:
—¡Cavendish square!
Cinco minutos después llegaba a casa de Rowmney.
Afortunadamente, no habÃa salido.
—¡El compromiso de casamiento de lord Greenville! —exclamé—; entréguemelo, mi querido Rowmney.
—¿Qué le sucede, qué pasa, mi pobre Emma?
—Nada… El documento, por favor. ¡Pronto… pronto!
Rowmney corrió hacia un armario, abrió el cajón y me devolvió el compromiso de matrimonio de lord Greenville.
—Toma —dijo Rowmney—. Pero ¿no quieres consultarme acerca de lo que te propones hacer?
—Cuando se trata de asuntos que afectan a la dignidad, no se consulta más que a la propia conciencia. Gracias Rowmney.
Salà precipitadamente, y me hice conducir al hotel Fleet street; subà la escalera con igual celeridad, y encontré a sir Guillermo que se paseaba cabizbajo y a grandes pasos.
No le di tiempo de interrogarme, y le mostré el compromiso suscrito por sir Carlos.
—¿Qué es esto? —me preguntó.
—DÃgnese usted leer.
Sir Guillermo leyó: