Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Por lo demás, salí de él, después de diez y ocho meses, con una educación superficial, iniciada en todas las materias de estudio y en ninguna con perfectos conocimientos. Sabía leer y escribir; un poco de cálculo; otro tanto de geografía y de historia; algunos rudimentos de música y dibujo, en una palabra, nada que pudiese serme de utilidad, exceptuado la lectura y la escritura.
Eso no era lo bastante para labrar mi felicidad; pero, en cambio, era más de lo que se necesitaba para arrastrarme a la perdición.
También mi madre tocó las consecuencias del infortunio que me afligía. Vista la situación precaria de la infeliz viuda, entró de nuevo en la granja a ocupar el cargo primitivo, esto es, como criada.
En cuanto a mí, que un remedo de instrucción me había dado cierto barniz de señorita, no servía para nada. No podía volver a ser la zagala de antaño, con mi vestido azul celeste y mi gran sombrero de paja. Así, pues, me buscaron un empleo adecuado a mis condiciones.