Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Me detuve pensando haber dado a sir Guillermo una prueba suficiente de mis talentos musicales y mÃmicos.
—¡Oh, por favor, continúe! —me dijo.
Continué la melancólica canción. Y después de haber arrancado al harpa su grito más doloroso, dejé morir lentamente sus acordes como un suspiro postrero.
Conmovida, anhelante, la cabeza inclinada sobre el hombro, yo esperaba nuestra salvación o nuestra condena.
—Señora —me dijo sir Guillermo—, ahora comprendo, la adoración que mi sobrino siente por usted. DÃgale que le ruego vaya a hablarme mañana.
Y saludándome respetuosamente, se retiró.
No bien hubo traspasado la puerta, sir Carlos, que desde el dormitorio todo lo habÃa visto y oÃdo, entró precipitadamente en el salón, y abrazándome, llenos de alegrÃa los ojos y de esperanza el corazón, exclamó:
—¡Bien lo sabÃa yo que tú serÃas nuestra salvación!