Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La sentencia pronunciada por el Papa se cumplió, y a cuantas solicitudes se le dirigieron en favor del culpable, Su Santidad respondió:
—A fe mÃa, es tan raro el consonante de las voces razón y rima, que, una sola vez que concierten, constituyen un acontecimiento digno de ser comprobado y de formar época.
Y el señor Marera, o Marero, fue destinado a empuñar los remos en las galeras de Civita-Vecchia, donde murió dejando dos volúmenes de poesÃas inéditas, perdidas para la posteridad, pues ningún editor tuvo el valor de publicarlas.
La vÃspera de nuestra partida, al salir del teatro Valle, fuimos a despedirnos del cardenal de Bernis, que Voltaire habÃa bautizado con el nombre de Babet la bouquetière (la ramilletera).
En el domicilio del cardenal encontramos al conde de Bristol, obispo de Derry, que iba con la misma intención.
—¿Conque Su Grandeza abandona Roma? —pregunté a ese singular prelado cuya originalidad me llamaba la atención.
—SÃ, hermosa compatriota.
—¿Cuándo es la marcha?
—Mañana.
—Si no es indiscreción, preguntaré a qué punto se dirige Su Grandeza.