Historia de una cortesana

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Por este servicio especial, superior a la inteligencia de los sirvientes en general, les asignaba cuarenta y cinco ducados al mes, esto es, casi cuatro veces más de lo que percibían, en Nápoles, los criados mejor retribuidos.

Era condición sine qua non que durante los primeros seis meses no se les entregaría ninguna cantidad, pero al final del sexto mes, cobrarían todos los emolumentos devengados en el semestre.

Si alguno de los sirvientes dejaba el servicio de monseñor antes de cumplirse el primer semestre, no tendría derecho a ninguna indemnización.

Los criados napolitanos aceptaron, llamaron a un paglietto que redactase el contrato, y al cabo de seis meses, monseñor de Bristol contaba a su servicio con un conjunto cromático muy satisfactorio.

Un día que comía en casa de sir Guillermo, uno de sus domésticos le trajo una carta de luto. Lord Hervey abrió la carta, la leyó y guardola; y continuó hablando y bromeando como de costumbre.

A las once se retiró. Solía hacerlo una hora más tarde.

Al otro día, sir Guillermo, temiendo que estuviese indispuesto, mandó preguntar a lord Bristol si estaba visible.

Monseñor respondió que no podía recibir a nadie, a causa de una desgracia reciente.


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