Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Alarmado sir Guillermo, quebrantó la consigna, y encontró al pobre viejo anegado en lágrimas y sollozos.
—¿Qué le pasa a usted? —le preguntó sir Guillermo.
—¿Observó usted que ayer, durante la comida, me entregaron una carta de luto? —respondió el conde de Bristol.
—Sí.
—Pues bien, en ella se me anunciaba que mi hijo acaba de fallecer en Liorna. Disimulé mi emoción, porque no quise que la comida se resintiera de mi tristeza; pero, una vez me separé de ustedes, di rienda suelta a mi dolor. Por eso, para llorar a mis anchas, no quería recibir hoy a persona alguna, sin excluirle a usted.
La sociedad oficial de sir Guillermo era, naturalmente, el cuerpo diplomático; la íntima componíanla sabios y literatos distinguidos.