Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El más antiguo ministro extranjero en Nápoles era el conde de Sa, embajador de Portugal. En el curso de treinta años, esto es, desde que habÃa sido nombrado para tal cargo, fue a Lisboa una sola vez, y regresó lo más pronto que pudo. En cierta ocasión su espanto no tuvo lÃmites: tratábase de suprimir la embajada de Portugal en Nápoles como un gasto inútil, y de encargar los asuntos de ambas cortes al ministro de Portugal en Roma. Pero, habiendo muerto el rey José I, la reina MarÃa, su hija, decidió dejar las cosas como estaban, y el conde de Sa pudo al fin verse libre de aquella amenaza.
Pocos diplomáticos disfrutaban de una prebenda tan saneada como era la de ese ministro, cuya misión se reducÃa a transmitir a su corte las noticias corrientes, que hacÃa redactar por su secretario. Su única ocupación era pasear. Se hablaba mucho del harem del conde de Sa, compuesto de bailarinas del teatro San Carlos. En cuanto a él, no hablaba de nada, por haber olvidado el portugués y no haber podido jamás aprender correctamente el francés ni el italiano. Era alto, tenÃa anchas espaldas y facha de búfalo, retratada en su fisonomÃa de simplón.
Nada diré de sus talentos o de sus méritos: en los siete u ocho años que le vi tres veces por semana, no logré descubrirle uno solo.