Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Yo no prejuzgo en pro ni en contra de las cualidades ocultas de ese ministro; las ignoro y no deseo conocerlas; pero lo que sé, es que las que revela en el ministerio no corresponden al cargo con que ha sido honrado.
Su nombre iba asociado a todas las intrigas cortesanas.
OcurrÃan frecuentes querellas entre el rey y la reina, algunas de las cuales, que presencié, contaré en lugar oportuno. El embajador veÃase obligado a intervenir en esas desavenencias conyugales, a censurarlas, a ejercer de juez de paz, una vez al mes cuando menos.
El pobre Lemberg no podÃa vivir en paz, ya que estaba continuamente expuesto a ser llamado para restablecerla entre los augustos cónyuges. Algunos dÃas después de nuestra llegada, daba una gran comida; uno de los convidados nos contó que a mitad de esta, llegó un aviso de la reina. Fue preciso que el conde de Lemberg partiese al instante, dejando a los comensales que acabaran de comer sin él.
A propósito de la marquesa de San Marco, dama de confianza de la reina, se habÃa suscitado una disputa en Caserta.
—¡Malditas mujeres! —exclamó el conde tirando la servilleta—; van a volverme loco.