Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Sir Guillermo sentíase profundamente afectado viendo que su matrimonio era considerado como hecho no realizado. Me dijo que si se malograba mi plan de encontrarme con la reina, y que si yo me consideraba con motivo de queja, nada le retendría en Nápoles, ni las costumbres de veinte años, ni su afición a las antigüedades, ni el clima, tan propicio a su salud. Pediría al rey Jorge su regreso a Londres, o que se le destinase a otra corte, la cual yo indicaría de antemano.
Me arreglé con mucha sencillez, sin poner ningún cuidado en hacer resaltar ninguno de mis méritos. Ostentar una belleza peregrina ante una reina celosa de la suya, constituye un grave inconveniente. Mi orgullo me había ya advertido varias veces que la reina, cuya juventud florida había desaparecido, temía probablemente mi proximidad.
Las ventanas del departamento de lord Hamilton daban a los jardines, y desde ellas se podía ver la entrada de la reina. Sabía yo que después del almuerzo, de diez a once, la reina daba un paseo por los jardines en compañía de las jóvenes princesas.