Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Veremos —decÃa—, cómo saldrá de todo eso nuestro cuñado Fernando IV, el cual se lisonjea de tener la dicha de no sustentar a ningún filósofo en sus Estados.
En todo caso, era opinión que el emperador de Austria, el rey de Nápoles, el Padre Santo y todos los prÃncipes de Italia, debÃan formar una liga ofensiva y defensiva, y establecer una especie de cordón sanitario para impedir el paso de los Alpes a las ideas revolucionarias.
Salimos de Florencia, y, a través del San Gotardo y de Suiza, llegamos a los PaÃses Bajos, donde nos embarcamos con rumbo a Inglaterra.
Llegamos a Londres a los diez meses justos que lo habÃamos dejado sir Guillermo y yo, y fuimos a parar en el hotel de Fleet street.
El mismo dÃa, sir Guillermo fue recibido por el rey.
Yo le esperaba con alguna ansiedad. Encontrándome nuevamente en Londres, habÃa vuelto, por decirlo asÃ, a la vida pasada, y recordé la miseria y la vergüenza de mis primeros años. Un escrúpulo podÃa apoderarse del rey, y si mi presentación era denegada a sir Guillermo, por más lady Hamilton que yo fuese, volvÃa a caer más bajo que antes.