Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Creo haberle dicho en mi carta anterior que iba a comer en casa de lord Hamilton. Varios individuos de nuestra sociedad más distinguida se habÃan reunido para oÃr cantar a lady Hamilton. En lo serio como en lo cómico, por su gracia y por su talento, despertó la admiración de todos; pero su Nina superó a todo lo que se puede ver, y creo que no es posible igualarla. Toda la concurrencia estaba suspensa; tan espontánea, terrible y patética es su interpretación.
Mis dos retratos fueron embalados con el mayor cuidado, y sir Guillermo, no queriendo separarse de lo que él llamaba su tesoro, se arregló de manera que saliesen con nosotros.
Salimos de Londres el 20 de abril. Sir Guillermo tuvo el capricho de pasar por ParÃs. Inglaterra, que pronto iba a entrar en guerra cruel con Francia, estaba aún en paz con ella; nada, pues, se oponÃa a que sir Guillermo satisficiese su deseo.
Llegamos el 26, a tiempo de presenciar un motÃn, que se desarrolló en el arrabal de San Antonio.
Sir Guillermo habÃa procurado asistir a la apertura de los Estados generales, que debÃa tener lugar el 27. A nuestra llegada supimos que habÃa sido diferida para el 4 de mayo.
En vez de la apertura de los Estados generales, tuvimos el incendio y el saqueo de los almacenes de Reveillon.