Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Respondiome que el pueblo de ParÃs, en el vértigo de sus pasiones, querÃa perecer de hambre. El papelero Rèveillon, uno de esos aristócratas del comercio, que forman lo peor de la aristocracia, habÃa dicho que el obrero ganaba demasiado, y que era necesario rebajar los jornales a quince sueldos; se aseguraba que iba a ser condecorado con el cordón negro de San Miguel, con lo cual la Corte se atraÃa un nuevo elector realista.
Toda aquella multitud se encaminaba hacia sus almacenes, profiriendo gritos de muerte contra el papelero, quien no pudo ser habido por haberse ocultado.
En un instante hicieron un muñeco de paja; un ropavejero proporcionó un traje viejo, con el que fue vestido el maniquÃ; echáronle después un cordón negro al cuello, lo colgaron al extremo de un palo, y en esta disposición lo pasearon por las calles de ParÃs.
La comitiva pasó por delante de la Bastilla para ir a quemar el monigote en la plaza del Hôtel-de-Ville; y al pasar, algunos, que parecÃan los directores del movimiento, anunciaron que al otro dÃa volverÃan y pondrÃan fuego a la casa.
—Si ustedes quieren presenciarlo —nos dijo galantemente M. de Launay—, vuelvan mañana a la misma hora. Paréceme que será cosa digna de verse.
—Pero —advertà yo—, desde el momento en que esa gente anuncia sus intenciones, la policÃa tomará sus medidas y las desbaratará.