Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Sir Guillermo Hamilton, embajador de Su Majestad Británica, y lady Hamilton, su esposa, tienen el honor de ofrecer sus respetos a M. Talma y de expresarle el deseo que sienten de verle representar esta noche el papel de Tito. Todos sus empeños por conseguir un palco han resultado infructuosos; asà que, con riesgo de ser importunos, vense obligados a recurrir a él, para pedirle dos asientos, sean los que fueren, siempre que una lady pueda concurrir al espectáculo.
27 de abril de 1789.
—¿Se encargará usted de mandar esta carta a M. Talma? —preguntó sir Guillermo al huésped.
—SÃ, por cierto; es la cosa más fácil del mundo.
—¿Y de enviarnos la contestación?
—Más que eso, milord —respondió el huésped—. Para mayor seguridad, yo mismo desempeñaré la comisión.
Y sin esperar más, se fue, llevándose la carta.
—En verdad —murmuró sir Guillermo, pesaroso—, hay que reconocer que el pueblo francés es muy culto. ¡Qué lástima que sea tan irreflexivo!
Sir Guillermo estaba lejos de sospechar que los franceses estuviesen tan cerca de corregirse de la cualidad que les encomiaba y del defecto que les reprochaba.
Al cabo de media hora, el huésped volvió, radiante de contento; traÃa un billete en la mano.