Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Fácilmente se veía que aquel a quien pertenecía lo había preparado con todo el gusto de que es capaz un artista. Un gran espejo adornaba una de las paredes; los muebles estaban cubiertos de telas turcas bordadas en oro. Este palco me recordaba, en miniatura, el taller de Rowmney.
Estaba encantada de verme entre bastidores; eso me complacía diez veces más que si hubiese estado en la platea, o en el mismo palco real.
Esperé con impaciencia que se levantase el telón; pero, en espera de ese instante, disfruté de un espectáculo más curioso que el de la tragedia, desarrollado entre bastidores.
Todos los artistas hablaban de su compañero Talma, y se preguntaban qué extravagancia en el vestir se permitiría aquella noche. Llamaban extravagancia al trabajo lleno de saber al que Talma se entregaba para llevar el teatro a la verdad histórica. Por fin, se dio la señal; los actores se prepararon y se levantó el telón.
Al aparecer Tito, en la primera escena del segundo acto, lancé un grito de admiración. Me parecía que veía caminar una estatua romana.