Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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Sir Guillermo respondió que no había ninguna razón para ocultar el honor que se hacía a sí mismo viniendo a dar las gracias a un gran artista y a ofrecerle sus respetos; y que, al contrario, deseaba ser presentado a la sociedad que se encontraba en el camarín, y que, a juzgar por las apariencias, debía de pertenecer a la clase intelectual.

Sir Guillermo no se engañaba. Talma nos presentó al poeta María-José Chènier, cuyo Carlos IX se disponía a representar de nuevo; al joven Arnault, autor de Marius à Minturnes, que el trágico iba a estudiar; a La Harpe, que le acosaba para que representase su Vasa; al pintor David, que le dibujaba sus trajes; al caballero Bertin, que cinco o seis años antes había publicado su libro de los Amores, y que se disponía a partir para Santo Domingo, donde debían acabar sus días al año siguiente; a Parny, y, finalmente, cinco o seis jóvenes de ingenio y que estaban en vías de crearse una reputación.

Sir Guillermo tuvo su corte, y yo tuve la mía. Los poetas vinieron a mi lado, y los pintores se fueron al de mi esposo. A propósito de la indumentaria antigua, sir Guillermo se enzarzó en una erudita discusión con David y Talma, mientras yo ensalzaba los versos de Bertin y de Parny, que me correspondían elogiando mi belleza.


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