Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Sir Guillermo, siempre atento a mis triunfos, me procuraba uno más.
Invitó a Talma, rogándole que extendiese la invitación a todos sus amigos que se encontraban presentes, a que viniesen a pasar la velada del dÃa siguiente en el Hotel de los PrÃncipes. Si Talma accedÃa a declamar versos de Corneille, de Racine y de Voltaire, lady Hamilton, por su parte, recitarÃa los de Shakespeare.
Todos fueron advertidos de que la velada terminarÃa con una cena.
Aceptada por unanimidad la invitación, nos retiramos.
Se recordará que a las diez de la mañana estábamos citados en la Bastilla, para almorzar en compañÃa del gobernador.