Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La Reina creyó al principio haber adquirido sobre él un predominio mucho mayor del que en realidad ejercía. Habiendo un día cobrado ojeriza contra el duque de Altavilla, favorito de Fernando, le insultó y acusó de emplear medios indignos de un caballero para conservar su autoridad cerca del Rey. El Duque, ofendido en su dignidad, se quejó al Rey y le pidió permiso para retirarse de la Corte; el Rey, irritado por el proceder de su mujer, fue a las habitaciones de esta, y le dirigió vivos reproches; pero ella, en vez de calmar su enojo, lo exacerbó con sus respuestas, en términos que la discusión terminó con una recia bofetada que, por espacio de tres o cuatro días, dejó huella en la mejilla de la Reina.
Entonces, al igual que Aquiles, la Reina se refugió en su tienda; pero el Rey se mantuvo firme, y obligó a la Reina a humillarse, al extremo de tener que suplicar al duque de Altavilla que interviniese para lograr la reconciliación, la cual vino en definitiva a conseguir el emperador José, que a la sazón viajaba por Italia y llegó a Nápoles.
Durante algún tiempo, el Rey se sintió afectado de los desdenes de la Reina; pero pronto resolvió consolarse, prescindiendo de ella, lo que fue para Carolina motivo de desazón, pues con semejante actitud no sabía cómo ni cuándo poder recobrar su influencia sobre su marido.