Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Incansable cazador como era, Fernando no dejaba un solo dÃa de salir a caza. En todos, sus bosques habÃa hecho edificar grandes chozas cuyo interior contenÃa un mobiliario sencillo y cómodo. Cuando, so pretexto de descansar, entraba en alguna de dichas chozas, siempre encontraba allÃ, bajo el traje elegante de las contadines de los alrededores de Nápoles, alguna bonita campesina que esperaba los obsequios de Su Majestad, y ponÃa gran cuidado en recomendar a los complacientes criados mucha discreción, a fin de que la Reina no viniese al corriente de aquel detalle amoroso.
—¡Bah! —le dijo cierto dÃa un mayordomo a quien habÃa comunicado sus Ãntimos pensamientos—, ¿para qué tanto misterio, toda vez que, por su parte, la Reina hace otro tanto, y quién sabe si todavÃa más?
—¡Calla, calla, y dejemos este asunto! —dijo el Rey—; asà se cruzan las razas.